Me parece que las mujeres han ocultado sus dones
Preguntan a OSHO: Me parece que las mujeres han ocultado sus dones para proteger el orgullo del hombre. ¿Es así?
Esta ha sido una de las mayores calamidades de la historia humana: como nunca se ha apreciado a las mujeres por su talento, poco a poco ellas han retardado su talento. Porque se apreciaba más a una retrasada mental, se apreciaba más a una tonta. Sólo tenías que tener un cuerpo bello y proporcionado, y no tener mente, eso es todo. Podía ser como una vaca, sin inteligencia, sin conciencia penetrante. Eso era lo que se esperaba de ella; si no, el hombre se sentía avergonzado, herido.
De forma que las mujeres han aprendido un truco a lo largo de los tiempos, que las reglas del juego son que la mujer no debe mostrar su talento. Si es inteligente, debe simular que es estúpida. Si es creativa, no debe hacer nada. Debe confinar su creatividad a las pequeñas cosas de la casa, la sala de estar y la cocina, cosas así. No debe hacer nada que hiera el ego del hombre: no debe escribir poesía, no debe ser pintora, no debe esculpir; si no, el hombre se siente inferior.
El ego masculino no permite que la mujer tenga ni voz ni voto… y ella tiene algunas cualidades que no tiene el hombre y que no puede tener en esa proporción. Todo lo intuitivo es más asequible a las mujeres que a los hombres; todo lo intelectual es más asequible a los hombres que a las mujeres. El hombre aprecia el intelecto, naturalmente. Él tiene intelecto, luego lo aprecia, y condena la intuición, la llama fe ciega, tontería, estupidez, superstición. La condena porque no la tiene.
En la Edad Media las mujeres a las que llamaban brujas y eran quemadas eran en realidad mujeres muy perceptivas. Los tribunales masculinos no podían tolerarlas, los curas no podían tolerarlas. La Iglesia entera ha permanecido orientada hacia el hombre, toda la comunidad cristiana es masculina. No hay ni una sola mujer en la Trinidad; toda la jerarquía es masculina.
No estaban realmente en contra de la brujería, estaban en contra de la mujer. Un día u otro, cuando la historia se escriba correctamente, se mostrará que no fue un movimiento contra la brujería. La brujería no tiene nada que ver en ello; era el hombre contra la mujer. Era la inteligencia contra la intuición; era la razón contra algo que es irracional, pero muy poderoso.
Aquellas brujas fueron quemadas, matadas, asesinadas, torturadas, y, por miedo, la mujer se ocultó del mundo y se recogió en sí misma. ¡Se asustó!. Si mostraba cualquier tipo de talento pensaban que era un bruja. Si el hombre mostraba el mismo tipo de talento, le hacían santo. Lo adoraban como hombre milagroso, y la mujer se volvía un bruja. Ella estaba en manos del diablo, y el hombre era una persona elegida por Dios mismo,… ¡y se trataba de la misma cualidad!
OSHO, El libro de la mujer. Creatividad. Más allá de las estrellas.